Cena a ciegas

Cena a ciegas

Mucho más que una cena

¡Qué nos estarán dando de comer! ¿Qué será esto?  Parece pulpo. Mmmm, ésto sabe a espárrago.  No, para mí que es jícama. La salsa tiene un condimento raro. ¿Será cúrcuma?  No, es algo más. Esto tiene comino.  La sopa de maíz asado con limón está deliciosa.  ¿Y esto otro, qué será?  ¿Dónde está el agua?  ¡¡Cuidado con la copa de vino!!  Es carne.  Está grasosa, de plano es cordero.  Extraña consistencia, pero está delicioso. El aderezo tiene un toque exótico. Mejor lo agarro con los dedos, pues no termino de atinar qué me estoy llevando a la boca. La bulla es notoria en los alrededores. Todos parecen elevar el volumen de las conversaciones, como que si al subir el tono de voz compensaran la ausencia de otros elementos. Se desatan varias carcajadas nerviosas.  ¿Se imagina usted ingresar a un salón a la hora de la cena, pero que el local se encuentre a tinieblas?  Las instrucciones son precisas. El menú constará de cinco platos.  Entraremos en una sola fila, guiados por la persona asignada al grupo.  Pongan la mano sobre el hombro de la persona que está frente a ustedes.  El mesero los conducirá a su mesa.  Al llegar a la misma, colóquese atrás del respaldo de su silla, la cual le indicarán, y entre a su asiento por la derecha.  Frente a usted está su puesto. Sienta el baja platos. A la izquierda y a la derecha del mismo están los cubiertos.  Atrás, a la derecha están tres copas. Una tiene agua, la segunda vino tino y la tercera vino blanco.  A la izquierda está el plato pequeño con mantequilla y pan.  Buen provecho.

Hace unos días asistimos al evento “Cena a ciegas”, organizado por la Fundación Sergio Paiz Andrade, FUNSEPA, y el Benemérito Comité Pro Ciegos y Sordomudos de Guatemala.  Se trató de un evento de gastronomía “sensorial”, que contó con el apoyo de los destacados chefs Roberto de la Fuente, Mirciny Moliviatis, Paula Winter y Alejandro Zambrano. El mismo sirvió para recaudar fondos para equipar el laboratorio de cómputo de una escuela de Zacapa, así como para apoyar otros proyectos de los organizadores. Aparte de contribuir a una buena causa, fue un excelente vehículo para sensibilizar a los asistentes sobre las condiciones que viven aquellos que enfrentan una severa discapacidad visual. Las dos horas de la cena se convirtieron en toda una experiencia para las diez personas de nuestra mesa. Una parte medular de la velada fue compartir con Benny, nuestro mesero, quien prácticamente es invidente, derivado de un glaucoma severo. Sentirlo desplazarse con soltura y tranquilidad en el negro ambiente, mientras el resto titubeábamos y estábamos tan vulnerables, nos ayudó a “ver” las cosas desde otra perspectiva.  Con gracia y buena disposición, este joven prácticamente ciego, que ambiciona a ser un chef profesional, nos ayudó a superar varios obstáculos y aliviar nuestros temores. Más allá de la deliciosa comida, el punto estelar de la noche fue haber conocido a ese patojo extraordinario, que no sólo nos atendió impecablemente, sino que nos mostró el rostro positivo de alguien que, pese a inmensas limitaciones, enfrenta la vida con gran energía y buen talante. Como nos comentó un buen amigo con quien compartimos la mesa, “la sola idea de pensar en lo que puede ser una vida sumergido en la obscuridad, pega muy fuerte. Sólo Dios sabe los procesos que tuvo que pasar Benny en la aceptación de su condición. Pero, como él mismo nos dijo, gracias al Comité Pro Ciegos y Sordos ha podido rehabilitarse y encontrar una luz en medio de su noche permanente. Qué fortaleza hay en el espíritu humano para poder sobreponerse a la adversidad cuando hay el deseo de no darse por vencido y cuando existe alguien que le brinde una oportunidad”. No cabe duda que se trató de mucho más que una cena. Envío un mensaje de reconocimiento a los organizadores por su labor.

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Last modified: 14/02/2020

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