Colegio Americano del Sur

Colegio Americano del Sur

25 años de brindar una educación de excelencia

Poco más de un cuarto de siglo atrás en Santa Lucía Cotzumalguapa, entre los cañaverales de la Finca Camantulul, un grupo de personas visionarias concibieron la idea de que ahí era posible replicar lo que el Grupo Educativo Del Valle había hecho en la ciudad de Guatemala. Soñaron que juntos podrían lograr que la población de la costa sur tuviera acceso a una educación de excelencia. Identificar una causa común y el haber forjado una estrecha alianza entre la academia y el sector azucarero sirvieron como un potente catalizador para impulsar el progreso de la región. El proyecto contó con el decidido respaldo de los líderes universitarios y del sector privado de la zona, quienes trabajaron hombro con hombro para hacerlo realidad. Poco más de veinticuatro manzanas de terreno fueron donadas por la familia Campollo y se recibió un fondo de la Asociación de Azucareros de Guatemala, ASAZGUA, para la primera fase de construcción de la infraestructura.  Así nacieron el Colegio Americano del Sur y el Campus Sur de la Universidad del Valle de Guatemala.

La semana pasada se celebraron 25 años de la apertura del Colegio Americano del Sur.  Como señaló Kathleen Wilmeth, cabeza principal del plantel educativo, el establecimiento se comprometió desde su fundación a proveer a sus estudiantes una formación integral, con cimientos sólidos, que les diera no sólo conocimientos, sino destrezas para la vida. Lo ha cumplido con creces. Alex Guerra, presidente de la junta directiva, comentó que a la fecha han egresado más de 300 jóvenes de 19 promociones de bachilleres en ciencias y letras, quienes se han convertido en auténticos agentes de cambio. Sus hojas de vida dan un valioso testimonio de la buena preparación que recibieron.  La convocatoria de las bodas de plata aglutinó a la comunidad educativa. Aparte de los miembros del colegio, llegaron graduados, papás de algunos de los primeros alumnos, los autores del himno del centro, quienes ayudaron a sembrar los jardines, el donante de la marimba, ex directores y algunos de los antiguos profesores. También participaron el alcalde municipal, autoridades de la Dirección Departamental de Educación, vecinos de CENCIGAÑA e INTECAP y representantes de ingenios y empresas cercanas. Todos festejaban la historia de un centro educativo que ha abierto brecha en la región, demostrando que es posible modelar las mejores prácticas educativas. Se percibía una alegría profunda en el ambiente. Muchas personas se fundieron en un cariñoso abrazo al reencontrarse, recordando los gratos momentos vividos juntos y resaltando el gran impacto que el sitio ha tenido en sus vidas.  Era palpable un sentido de pertenencia y de orgullo. Las palabras de los exalumnos fueron especialmente elocuentes.

Atrás de todo proyecto exitoso siempre hay gente buena. Un momento muy emotivo fue el agradecimiento que se hizo a varios de los líderes que han aportado al desarrollo del CAS. Entre ellos destaca Eduardo Portocarrero Herrera, quien, en su calidad de presidente y miembro de la Fundación de la Universidad del Valle de Guatemala, asumió un papel protagónico para asegurar la viabilidad del proyecto. Su viuda, sus hijos y sus nietos develaron una pintura hecha por su suegra, que inmortalizará su presencia en el lugar. También fue muy conmovedor el reconocimiento que se hizo a Yolanda Toledo de Leal, quien ha sido miembro de la Junta Directiva desde el comienzo, y a Cony Méndez, Directora Técnica del colegio. Vienen a mi mente otras personas, como Cristián Rodríguez, Cordelia Mora de Mooney, Scott MacLauchlan, Dieter Nottebohm y Héctor Centeno, quienes también contribuyeron entusiastamente en los años mozos del colegio. El CAS es aun joven y dará muchos frutos más.  Como escuela laboratorio seguirá aportando a otros establecimientos.  Sus alumnos y graduados seguirán brillando, dando fe de que la educación es fuente de desarrollo.

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Last modified: 25/02/2020

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