Buen Camino

Buen camino

“​​Aunque hubiera recorrido todos los caminos, cruzado montañas y valles desde Oriente hasta Occidente, si no he descubierto la libertad de ser yo mismo no he llegado a ningún sitio. Aunque hubiera compartido todos mis bienes con gentes de otra lengua y cultura, hecho amistad con peregrinos de mil senderos o compartido albergue con santos y príncipes, si no soy capaz de perdonar mañana a mi vecino no he llegado a ningún sitio. Aunque hubiera cargado mi mochila de principio a fin y esperado por cada peregrino necesitado de ánimo, o cedido mi cama a quien llegó después y regalado mi botellín de agua a cambio de nada, si de regreso a mi casa y mi trabajo no soy capaz de crear fraternidad y poner alegría, paz y unidad, no he llegado a ningún sitio”.

El fragmento anterior, de la Oración de Fray Dino La Faba, refleja bien la esencia del Camino de Santiago. Esta nos recibió en el Convento Franciscano de Hebrón, ubicado en un desvío de la ruta desde Caldas de Rei. Confieso que dudé cuando mi esposa nos sugirió desviarnos un trecho y caminar un par de kilómetros más ese día para poder pasar la noche en este albergue. Luego de varios días caminando entre 25 y 30 kilómetros, mochila sobre los hombros, la idea de un trayecto adicional pesa. Sin embargo, la decisión fue más que certera. Fue la velada más enriquecedora en el recorrido de más de 200 kilómetros a pie, que hicimos acompañados de nuestros dos hijos, desde Viana de Castelo hasta Santiago de Compostela. Los hospitaleros, Teresa, Gorrú y Tinuca, nos recibieron como en casa e hicieron gala de generosidad. Nosotros cuatro y María, otra chapina a quien tuvimos la buena fortuna de hallar en el sitio, compartimos hospedaje, cena y desayuno con otros veinticinco peregrinos, procedentes de Alemania, Canadá, Colombia, Eslovenia, Estados Unidos de América, Francia, Italia y Polonia.

Va la fila de peregrinos con sus motivos, pensamientos y tribulaciones a cuestas, que, sumados al peso de sus mochilas, les hace redimensionar el valor de las pertenencias materiales y realza los aspectos espirituales. Nos recuerda cuáles son las cosas que en verdad cuentan y brinda un entorno único para reflexionar y orar por nosotros y por nuestros seres queridos. El esfuerzo sensibiliza y humaniza. Dos palabras bastan al cruzarse con otro para un instante de mágica conexión: “Buen Camino”, rompiendo barreras de toda índole.  Al igual que nos pasó trece años atrás en el Camino Francés, se trató de un recorrido único, que afianzó los lazos de unión familiar y nos regaló horas de gran calidad para conversar, comer juntos y compartir. Hacía tiempo que no estábamos los cuatro reunidos, sin distracciones, persiguiendo una misión común y con la posibilidad de emprender este proyecto.  La vez anterior fue la Osa mayor la que nos conminó a hacerlo. Esta vez fue la Osa menor, la Benjamina de casa, quien propuso con gran ilusión la idea de volver al Camino. Ha sido una bendición el poder concretarlo en esta etapa de nuestras vidas, ahora siendo todos adultos. ​Paso a paso fuimos completando la obra, grabando en el lienzo los puntos visitados. Las vivencias diarias estuvieron marcadas por largas caminatas, a veces en la playa o en senderos boscosos, pero muchas otras bajo la llovizna, en fango resbaladizo o sobre asfalto ardiente. Cada etapa del Camino Portugués tuvo su encanto y exigencia propios. El aire fresco y las huellas en la arena desde Viana Do Castelo hacia Moledo. La breve estancia por Vila Nova de Cerveira, Redondela, Valenca y Tui. El paso por la hermosa Pontevedra. La ruta de O Porriño a Cesantes, que nos introdujo a Miguel, responsable del Recuncho do Peregrino, otra alma buena y servicial. El cierre estuvo iluminado por el convento aludido y por la magnificencia de Santiago de Compostela, nuestro destino, con todo lo que significa. Sin duda, una travesía que guardaremos en nuestros corazones.  Ojalá muchos puedan hacerla.

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Last modified: 18/10/2019

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