Ungüento de Apazote

Ungüento de Apazote

En memoria de Elfriede Pribik de Pöll

A sus casi 100 años, se “pescó” una infección en la pierna mientras estuvo interna en el hospital por una complicada fractura de cadera. El médico que le visitó en casa le recetó antibióticos, urgiéndole a comenzar el tratamiento de inmediato. Tan pronto partió el especialista, ella le dijo a su sobrina que guardara esas medicinas en la gaveta y que, en su lugar, fuera al mercado a comprar un buen ramo de apazote fresco y que lo pusiera a secar en papel periódico, para que no se pudriera. Luego, que le preparara una infusión para tomar, que le colocara un emplasto con hojas machacadas y le cubriera la herida. A los pocos días, el doctor le visitó de nuevo para percatarse de los “prodigiosos resultados de los fármacos recetados”. No podía creer que fueran producto de la hierba y de la “desobediencia” de la paciente.

La anécdota anterior empalma bien con la figura y trayectoria de esta connotada científica. Elfriede Pribik de Pöll nació en Austria el 14 de noviembre 1922. Enfrentó grandes retos durante la segunda guerra mundial, debiendo postergar sus estudios. Ella y su familia pasaron hambre e incluso tuvo un accidente con material explosivo mientras buscaban comida en jardines. Luego de completar un doctorado en botánica en Viena, llegó a Guatemala en 1957, sitio que escogió para fijar su lugar de residencia y hacer su vida. Con mucho orgullo se incorporó a la Universidad de San Carlos de Guatemala. Contaba que sobrevivió un examen largo y duro, donde una mesa llena de hombres trató de intimidarla. Tuvo una larga y fructífera carrera como docente e investigadora, tanto en la USAC como en la Universidad del Valle de Guatemala.

En UVG fue catedrática titular del curso de etnobotánica y fundó el herbario, el cual dirigió por más de treinta años. Taxonomista, experta en flora de Guatemala, toxicología y plantas medicinales, imprimió su sello en varios jardines botánicos y estudios realizados en su campo de especialidad. Miembro de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de Guatemala, fue objeto de múltiples reconocimientos, incluidas la Medalla Nacional de Ciencia y Tecnología, la Medalla Presidencial de Medio Ambiente y la Medalla “Ricardo Bressani Castignolli”. También recibió la Cruz Austríaca de Ciencias y Artes, Primera Clase del Gobierno de Austria. Incluso, hay una planta nombrada con su apellido, la Tradescantia poelliae, que fue llevada por ella a un jardín botánico en Inglaterra para su identificación.

Hasta hace poco tiempo, pese a su frágil estado de salud, seguía activa, encabezando giras de campo y produciendo conocimiento científico para el mundo. Esta semana recibimos la triste noticia de su muerte. Como señala el Decano de Ciencias y Humanidades de la UVG, “fue una persona excepcional, quien vivió intensamente cada día, siempre hablando con esa sonrisa tan característica suya. Tenía una permanente urgencia para que quien estuviera a su lado, aunque fuera un minuto, aprendiera algo, se cuestionara algo. Al leer sus logros, pareciera que uno lee la vida de varias personas”.

Sus colegas y discípulos recordarán a la Doctora Pöll siempre con muchísimo cariño, pues fue una extraordinaria maestra y mentora, habiendo impactado sus vidas con su enorme corazón, ingenio, conocimiento, dinamismo y alegría. Inspiró a varias generaciones a estudiar las plantas y aprender más sobre ellas y del lugar dónde vivimos. No es fácil encontrar a una persona con esos atributos, por lo que somos afortunados de haberla tenido tan cerca. ¡Descanse en paz una grandísima mujer!

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Last modified: 26/08/2021

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