En distinto barco

En distinto barco

Pero enfrentando la misma tormenta

Mantenernos unidos será crucial, pues no se vislumbra una pronta salida a la crisis. La disyuntiva entre salud y economía no existe. En la medida en que pasan los días, el toque de queda parece más largo y van pesando más la incertidumbre y las secuelas del encierro. La alarma aumenta, mientras la tormenta arrastra a conocidos y allegados, queriendo hacerlos sucumbir. En esa familia todos los adultos, salvo uno, han perdido su empleo o han sido suspendidos. Los trámites han tomado más de lo esperado, pues la SAT y otras oficinas públicas funcionan con un horario irregular, con implicaciones serias para el negocio. Pusieron una bandera blanca en la puerta, clamando por ayuda, pues su situación es muy apremiante. La empresa de servicio a domicilio está varada, pues las personas no quieren a extraños llegando a sus casas.

No tengo acceso a internet, lo que me impide seguir mis clases a distancia. La enfermedad se llevó a su tío. La construcción está detenida. Ha sido muy duro tener que despedir o suspender a tanta gente que ha estado con nosotros por décadas, me cuenta un amigo, cuyas empresas se vieron forzadas a detener la operación. Estamos buscando desesperadamente cómo colocar nuestros productos, pues la ruta que nuestra cooperativa había trazado se ha visto truncada. Su hermano y su mamá fueron diagnosticados positivos y trasladados al hospital, habiéndose quedado cuarentenado en casa, junto a sus demás hermanos y a cargo de ellos. No hay transporte público, lo cual ha imposibilitado que salga a trabajar

La lista continúa. Cada día refieren a más niños desnutridos. Las remesas no llegaron. La violencia doméstica se ha acentuado. Los reportes de ingresos marcan un fuerte descenso, repercutiendo en los gastos. Se ha tenido que recortar la planilla, comenzando con aquellos colaboradores de bajo desempeño, con malas actitudes o que carecen de funciones o entregables claros. Aquel ingeniero emprendedor, que asumió el riesgo de dejar una ascendente carrera profesional para establecer un negocio propio, ve con desasosiego el posible fin de la aventura. Su papá no cuenta con recursos, por lo que muy probablemente deberá abandonar los estudios. Muchos casos qué comentar, sin importar dónde estamos, qué hacemos o dónde vivimos. Más allá de nuestra historia, nivel educativo, estatus, ideología, cultura o religión, todos hemos sido golpeados.

El coronavirus ha restringido nuestra libertad y trastocado nuestras vidas, teniendo un impacto devastador para algunos, aunque para otros se ha hecho sentir con menor intensidad. Nos ha tocado navegar con otros, buscando guardar el equilibrio, mientras vemos a otros que van en diversas embarcaciones. Aunque algunos ponen el reflector en la forma en que cada quien transita las aguas turbulentas, esta perspectiva no contribuye a resolver el problema. Todos estamos en medio de esta tormenta y, sin importar dónde vamos subidos o con quiénes estamos, debemos sumar fuerzas para lograr que el mayor número de guatemaltecos salgan avante de la misma. Nuestra empatía y solidaridad hacia los demás harán una tremenda diferencia. Si los demás están bien, nosotros también lo estaremos.

Es tiempo de cooperación y entendimiento, para buscar juntos las mejores vías a seguir. Toca plantearnos un esquema escalonado de reactivación y reapertura que,  respetando los necesarios cuidados de salud y vigilancia epidemiológica, nos permita retomar nuestras actividades a la brevedad posible. El virus ha cobrado la vida de muchos y sigue siendo una potencial amenaza, pero la pobreza y el desempleo provocados por las medidas que nos hemos visto forzados a tomar, si no son atendidos pronto, pueden convertirse en males aún peores que la pandemia. Habrá que tomar decisiones y actuar con celeridad. Dejemos a un lado las diferencias y la polarización, para colaborar los unos con los otros, indistintamente de las condiciones del barco en que vamos.

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Last modified: 22/05/2020

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