Manuel Sáenz de Tejada

Manuel Sáenz de Tejada

Hasta siempre, querido amigo.

Algunas veces toca hacer una columna que uno no hubiese deseado escribir. Aún sin salir del asombro, con gran tristeza y con un enorme vacío, me corresponde hacer los honores y despedir a un amigo, a un cercano colaborador y a buen hombre, quien se fue de un instante a otro. Conocí a Manuel Sáenz de Tejada hace casi tres décadas atrás, siendo yo amigo de su esposa Cynthia del Águila. Con el paso de los años, la amistad con él cobró vida propia y nuestras dos familias mantuvieron una estrecha relación, teniendo ambos la fortuna de ver crecer juntos a nuestros hijos.

Varios años atrás, derivado de los planes institucionales, se abrieron ciertas posiciones de trabajo en UVG. Ello coincidió con que Manuel estaba en una transición en su carrera profesional. Inmediatamente pensé en él y le invité a colaborar con nosotros. Afortunadamente dijo que sí. No me equivoqué al invitarle a sumarse a nuestro equipo de trabajo. Pronto vistió con orgullo la camiseta de la Universidad y se convirtió en alguien querido y respetado en nuestra comunidad. En esta nueva faceta, trabajando juntos, pude apreciar otras aristas que no había conocido. Manuel se caracterizó por su compromiso, lealtad, discreción, don de gentes, responsabilidad y dedicación.

Aunque muchas veces las posiciones de autoridad son muy solitarias, Manuel fue una de esas personas que se cuentan con los dedos de la mano. Alguien apreciado y de mi entera confianza. Muchos reconocen la cercanía que hemos tenido mi esposa y yo con Cynthia. Sin embargo, la presencia de Manuel fue siempre más reservada y silenciosa. El compartió la visión de la UVG y la hizo propia. Me acompañó de cerca en varios procesos estratégicos, primero en la dirección de planificación y luego en la dirección de compras. Los temas a su cargo requerían la participación de alguien íntegro, capaz y solvente. Muchas veces le delegué responsabilidades delicadas y asuntos que debían ser atendidos con esmero y cuidado. Asimismo, compartimos la docencia superior en varios cursos. Siempre estuvo presente para tender una mano amiga a los miembros de la institución.

Fue un hombre trabajador y de familia. En la etapa en que Cynthia sirvió a su país como funcionaria, Manuel estaba siempre a su lado, guardando la debida distancia. Tenía un folder donde archivaba cuanto artículo, foto y comentario hacían sobre su media naranja, sintiéndose muy orondo de las cosas buenas y retorciéndosele el hígado con cualquier crítica que hacían a su trabajo. Sentía gran orgullo por la persona a quien más quiso en la vida. De igual manera, amó entrañablemente a sus hijos Carolina y Manuel y a su yerno Luisen, que se convirtió en un hijo más. Desarrolló una relación muy especial con la Mitita, su suegra, y con los demás miembros de la familia. En sus últimos meses festejó en grande la ansiada llegada de su primer nieto, quien le hizo inmensamente feliz. Nuestras conversaciones no dejaban pasar por alto las gracias del bebé. Pregonaba “discretamente” que él era el preferido del pequeño.

Era todo un deportista. Fue ahí, en una de esas canchas que tanto disfrutó, donde su corazón se resistió a seguir latiendo, habiéndonos dejado desconcertados y con ese sentimiento de las mil cosas pendientes, que no llegaron a ser. Hoy nos despedimos de Manuel, agradeciéndole inmensamente por haber sido parte de nuestras vidas. Deseamos a Cynthia, a Carolina, a Manuel, a Luisen y al resto de la familia que encuentren la fortaleza para seguir adelante. Descansa en paz, querido amigo.

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Last modified: 08/04/2022