¿Por qué soy profesor?

¿Por qué soy profesor?

La importancia de la formación integral.

La distinguida historiadora y apreciada colega Cristina Zilberman de Luján me compartió hace poco una columna de Viet Thanh Nguyen, profesor de la Universidad del Sur de California, novelista y ex refugiado de guerra, publicada en el New York Times International Weekly. Sabiendo de la profunda vocación docente de Cristina, su referencia fue el preámbulo perfecto al artículo. El mismo gira en torno a un debate que surge con frecuencia en torno a mallas curriculares de programas universitarios. Mientras unos académicos abogan por una marcada concentración en las especialidades, que permita a los egresados tener una preparación profunda en el campo escogido, otros insisten en la necesidad de contemplar una formación más redondeada e integral, que vaya más allá de la especialidad. El profesor Thanh comenta que de nuevo le pidieron que impartiera una clase de “educación general”, nombre que su universidad da a los requisitos que todo alumno tiene que cumplir. Estos cursos corresponden a un plan común de estudios que busca brindar a todos los estudiantes, indistintamente de la carrera que cursan, un conjunto general de conocimientos intelectuales, éticos y culturales. Para cumplir con este requisito, los alumnos de todas las facultades pueden escoger diferentes cursos, incluido el que él ofrece, relacionado con la guerra estadounidense en Vietnam. Según señala el autor, planificar un curso para unos 150 estudiantes de distintos campos y que no están particularmente interesados en su disciplina es un desafío. Aunque cuesta hablar a otros que no son como uno, su estrategia es hallar una historia que pueda contar, así como plantear interrogantes que unan a todos los participantes. Como Thanh indica, en su clase los alumnos aprenden sobre una guerra que cobró millones de vidas de estadounidenses, camboyanos, laosianos y vietnamitas, entre otros, y sobre la forma en que la humanidad e inhumanidad se entrelazan en momentos difíciles. Las preguntas que abordan son diversas y podrían aplicarse a muchas situaciones, no sólo al conflicto bélico en cuestión, siendo un vehículo para el desarrollo de competencias.

Este curso de formación general se convierte en un instrumento para fortalecer la convivencia democrática. Los estudiantes y el profesor, al igual que todo ciudadano, practican su obligación de escuchar y aprender, cuestionar y participar. Se trata de un ejercicio de reforzamiento de la tolerancia y de consolidación del pensamiento crítico, que ayuda a los participantes a colocarse en los zapatos de los demás, comprender el contexto, afinar sus argumentos y fundamentar sus juicios y decisiones.  Por su parte, como refiere Thanh, él hace lo posible para impartir clases cautivadoras y estimular la discusión.  Se prepara a fondo y trata de transmitir la pasión que siente por su materia. Aunque reconoce que su clase no logra enganchar a todos, cree poder lograrlo con tres de cada cuatro estudiantes, quienes salen mejor equipados como profesionales y como ciudadanos. El autor termina lamentando que en muchas instituciones de educación superior haya trabas presupuestarias y de otra índole para auspiciar los cursos de formación general, que tienden a desaparecer. Los mismos deben ser vistos con interés, pues las universidades tienen el compromiso de preparar integralmente a los jóvenes para que cumplan tanto con las metas de progreso económico como con las de responsabilidad social. Comparto esta visión. Más allá de su desempeño laboral en una especialidad, es imperativo que los profesionales desarrollen comportamientos éticos, sean responsables y solidarios, comprendan el contexto social y cultural que los rodea, así como que posean destrezas numéricas y de comunicación, de experimentación científica y de pensamiento crítico que les permitan asumir con propiedad los roles que les serán requeridos a lo largo de sus vidas.


Last modified: 24/10/2019

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