Contamos con una enorme y diversa riqueza natural y cultural.
La próxima semana se celebrará el Día Mundial de la Antropología. Ocasión importante para informarnos sobre la labor de los especialistas en este campo e impulsar la formación de nuevos profesionales, que se constituyan en eficaces agentes de cambio para ayudar a resolver los problemas del país, impulsar estrategias de desarrollo sostenible y construir sobre nuestra extraordinaria y diversa riqueza natural y cultural. Su participación en un abordaje transdisciplinario de los problemas y las propuestas es de gran valor.
La posibilidad de tejer sociedades incluyentes, solidarias, con mayor equidad, justas, respetuosas de las necesidades y características de todos y comprometidas con la búsqueda del bien común, requiere una adecuada comprensión del contexto, conocimiento y valoración de los distintos grupos de población y la capacidad para tender puentes. Las ciencias sociales y la antropología, en lo particular, pueden tener gran incidencia en este recorrido. El éxito para trazar un plan de largo plazo, propiciar un desarrollo social integral y generar un crecimiento económico sostenible depende de nuestra capacidad de sumar fuerzas. Lograr construir algo en lo que confiemos y creamos, a partir de elementos que nos integren y nos ayuden a vivir armoniosamente.
La antropología está dedicada al estudio de los seres humanos y de las sociedades a las que pertenecen, en su evolución a lo largo del tiempo y del espacio. El quehacer de los antropólogos tiene un espectro muy amplio de campos de acción. Su estudio de las relaciones interpersonales abona al entendimiento entre culturas, a facilitar la participación en grupos, mapear necesidades, comprender las distintas percepciones de los modos de vida, entender las reacciones de los individuos en la sociedad y conocer la historia y origen de las distintas poblaciones. Para ello, hacen uso de una variedad de metodologías cualitativas y cuantitativas de trabajo, que contemplan encuestas, muestreos, grupos focales y entrevistas, entre otras herramientas.
Su entrenamiento en investigación, brinda a los antropólogos la capacidad de observar y datos, objetos y personas, organizar ideas, analizar las relaciones entre factores, llevar registros, tabular información, planificar y desarrollar proyectos y hacer evaluaciones. Todo esto es fundamental no solo para comprender nuestro pasado, sino para proyectar nuestro futuro y hacer planes viables, que hagan sentido y tomen en cuenta a todos. Es evidente que la factibilidad, impacto y efectividad de las iniciativas en salud, educación, nutrición, productividad, crecimiento económico y competitividad, solo para mencionar algunas, parten de nuestra capacidad tomar en consideración las distintas aristas que los antropólogos traen a la mesa.
La anhelada consecución de la democracia y del Estado de Derecho se beneficia ampliamente de la contribución de la academia y de los centros de investigación. Aprovecho, finalmente, para enviar un atento saludo a Raquel Zelaya y a los miembros de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales, ASIES, organización reconocida recientemente por el Global Go To Think Tank Index, 2020, como el mejor centro de pensamiento de Centroamérica por su capacidad de abordar políticas sociales y por su respuesta institucional ante la pandemia de COVID-19. Su trayectoria es un ejemplo de lo que los científicos sociales, trabajando junto a otros especialistas, pueden aportar a nuestra sociedad.
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