Tabula Rasa

Tabula Rasa

2020, oportunidad para construir.

“El alma, al nacer el hombre, es una tabula rasa en la que no hay contenidos impresos. Los objetos del conocimiento suscitan la actividad de los órganos de los sentidos, sobre los que actúan, produciendo la sensación, que es un acto del compuesto humano, del alma y del cuerpo.” Poco menos de ocho siglos atrás, Santo Tomás de Aquino explicaba el conocimiento en estos términos, resaltando que las experiencias y sentidos moldeaban nuestros aprendizajes y el desarrollo de las habilidades. Una rápida búsqueda en el internet muestra que la tabla rasa (en latín tabula rasa) es una tablilla sin inscribir, algo que está libre de cuestiones o asuntos anteriores. Cada individuo nace con la mente «vacía», es decir, sin cualidades innatas. También indica que en urbanismo se usa la expresión hacer tabula rasa, en referencia a demoler o derribar todas las edificaciones preexistentes en un lugar, para desarrollar un barrio completamente nuevo. Aunque varios objetan esta tesis, la imagen de un ciclo que se clausura y de otro que se inaugura es muy poderosa. Nos alienta a lanzarnos a un nuevo recorrido, sin ataduras ni condicionamientos. Coloquialmente, es darse permiso de hacer borrón y cuenta nueva. Partir de cero, sin que nuestras concepciones, prejuicios y antecedentes determinen la trayectoria futura, nuestras aspiraciones o nuestros resultados. Es como si la vida nos concediera una nueva oportunidad para reinventarnos; como que nos obsequiara una tabula rasa.

Despedimos otro año. 2019 vino cargado de muchos propósitos y vivencias.  Para algunos el cielo estuvo despejado y el sol brilló radiantemente, en su máximo esplendor. Fue un período de grandes logros y terreno fértil para la realización personal. El año viejo trajo la alegre llegada de un nuevo miembro a la familia, la aparición de una pareja en sus vidas, la culminación de una carrera, el encendido de la llama de la ilusión, la exitosa conclusión de un proyecto, momentos de concordia rodeados de personas que aman, la concreción de una meta especialmente anhelada, la remisión de un mal que les aquejaba, un trabajo que les quedó como anillo al dedo o la materialización de ese emprendimiento por el que tanto se habían esforzado. Resultó siendo una zona de confort, para finalmente aceptarse y sentirse cómodos con ellos mismos. Fue tiempo de prosperidad y bienestar. Para otros, por el contrario, el cielo estuvo nublado y fue una temporada gris. Se sobrevino un fuerte vendaval. No sabían cómo resguardarse, ni de dónde sujetarse, habiéndose puesto a prueba su determinación y resiliencia. La tormenta los zangoloteó, resquebrajó su confianza e hizo que dudaran de su fuerza para salir adelante.  Los expuso a la incertidumbre y a grandes vicisitudes. El camino estuvo cuesta arriba y la carga fue muy pesada. Fue época de vacas flacas, de tremendos desafíos o duros quebrantos de salud, de estar cesantes, caerse varias veces y meter la pata en un hoyo conocido, de ver partir a seres queridos. Para la mayoría fue un ciclo con vaivenes. Se trató de un sube y baja con algunos picos altos, pero también con puntos bajos. Debieron acomodarse a dichas oscilaciones. Tuvieron cosas qué festejar, pero también debieron hacer acopio de entereza en los momentos difíciles.

En el martes recién pasado se cerró un capítulo y se abrió uno nuevo. Las páginas del nuevo calendario aún están en blanco. Damos la bienvenida al 2020, con la expectación de que se nos ha brindado el regalo de una tabula rasa, en la que iremos apuntando experiencias y aprendizajes frescos. Renovaremos las metas, descubriremos caminos alternos y reescribiremos nuestra historia. Las posibilidades son infinitas. Podremos vernos a nosotros mismos y a los demás con otros ojos. Deseo que sus propósitos se hagan realidad. Que las páginas del capítulo que comienza muestren imágenes de paz, serenidad, salud y alegría para ustedes.


Last modified: 03/01/2020

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