Por: M. Sc. Martha Patricia Herrera, investigadora del Centro de Estudio Agrícolas y Alimentarios (CEAA-UVG).
El amaranto es reconocido por su valor nutricional y por ser un cultivo ancestral con gran potencial para la innovación alimentaria. La fuente alimenticia fue el punto central de un encuentro que reunió a productores, procesadores e investigadores en un espacio de diálogo y construcción colectiva.

Trabajo conjunto
El Encuentro Nacional de Productores y Procesadores de Amaranto se realizó el 25 de noviembre de 2025, en el Campus Altiplano de Universidad del Valle de Guatemala, Sololá. La actividad estuvo organizada por el Centro de Estudios Agrícolas y Alimentarios (CEAA-UVG), uno de los 10 centros de investigación del Instituto de Investigaciones. El objetivo fue fortalecer alianzas dentro de la cadena de valor del amaranto y avanzar hacia la creación de una red nacional que potencie su producción y comercialización.
La actividad se desarrolló gracias al proyecto Feed the Future Guatemala – Coordinación y Expansión de Tecnologías, liderado por la Universidad Estatal de Kansas. Contó con el apoyo estratégico de Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport) y la Asociación Qachuu Aloom “Madre Tierra”.
Durante el encuentro, se logró convocar a actores clave de diversas regiones, incluyendo representantes de Baja Verapaz, Chimaltenango, Guatemala, Quetzaltenango, San Marcos, Sololá y Totonicapán. Todos ellos trabajaron colectivamente para trazar una ruta que lleve al amaranto desde las parcelas familiares hasta los mercados formales.

Identidad y resistencia
Más allá de los aspectos técnicos, el encuentro destacó por su fuerte componente cultural. Los participantes definieron al amaranto como un legado de los abuelos que ofrece “salud, energía y bienestar”. También se reconoció una barrera crítica: la pérdida del conocimiento culinario ancestral y la competencia frente a la comida chatarra masiva.
Para contrarrestarlo, se propuso revalorizar la “cocina de casa”, promoviendo la incorporación del amaranto en la dieta diaria a través de recetas prácticas como omelettes de bledo, atoles y snacks, aprovechando tanto el grano como la hoja.

Las mesas de diálogo, caracterizadas por un ambiente participativo, permitieron identificar los “cuellos de botella” en la producción y procesamiento. Si bien se confirmó que el cultivo es rentable y resistente a la sequía, los productores señalaron que el procesamiento manual sigue siendo un obstáculo mayor.
Hacia una Red Nacional
El cierre del evento marcó el inicio de una nueva etapa organizativa. Los asistentes coincidieron en que el esfuerzo individual no es suficiente y plantearon la necesidad de consolidar una Red Nacional de Amaranto. Esta red buscaría articular a comunidades, academia y gobierno para continuar consolidando la producción y consumo del amaranto a nivel nacional.
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