El estómago de una chinche contiene tanta información como un mapa detallado sobre quiénes habitan en una casa. Recientemente, científicas de Universidad del Valle de Guatemala (UVG) identificaron restos de sangre de perros y gallinas en insectos capturados en comunidades de Jutiapa, en el oriente de Guatemala. El hallazgo surge del estudio “Avanzando en el diseño de la trampa para matar chinches besuconas para la vigilancia de triatominos”, publicado en febrero de 2026.
En la investigación participaron la Lda. Andrea M. Moller-Vasquez, M.Sc. María Granados-Presa, Lda. Adriana Echeverria, Dra. Norma Padilla y Dr. José Guillermo Juarez, del Centro de Estudios en Salud (CES). También la Dra. Alejandra Zamora y la Dra. Pamela Pennington, del Centro de Estudios en Biotecnología (CEB). Ambos centros pertenecen al Instituto de Investigaciones UVG.

Prototipo TRAP2 utilizado en Guatemala. Foto: CES-UVG.
Escudo tecnológico para el hogar
El equipo de investigación perfeccionó un dispositivo autónomo llamado “Kissing Bug Kill Trap” o trampa asesina de chinches besuconas. El aparato utiliza paneles solares y luces LED para funcionar sin intervención humana durante la noche. Además, el diseño aprovecha la atracción natural que esos insectos sienten hacia la luz para interceptarlos antes de que entren a las viviendas. El dispostivo fue diseñado y creado por los investigadores estadounidenses Sarah A. Hamer, John H. Borden, Michael G. Banfield y Gabriel L. Hamer.
Debido a su diseño de bajo costo y alta durabilidad, la trampa funciona como un escudo protector en los patios de las casas. El aparato se enciende de forma automática al oscurecer gracias a un sensor especial. Además, el sistema recolecta los insectos en un recipiente con un conservante. Eso mantiene los cuerpos en condiciones adecuadas para el análisis científico. Durante tres años de pruebas en Guatemala, México y Estados Unidos, los prototipos capturaron más de 1,500 chinches de diversas especies.
Detectives de ADN ambiental
El trabajo del CES y el CEB continuó después de la captura. Las científicas emplearon una técnica avanzada llamada Metacódigo de ADN para analizar el contenido del estómago de las chinches. El proceso forense identifica con exactitud de qué animales o personas obtuvo sangre antes de caer en la trampa.
El análisis permitió determinar si el riesgo de infección reside dentro de la vivienda. También estableció si proviene de zonas boscosas cercanas. Por lo tanto, la tecnología actúa como un rastreador biológico que ayuda a prevenir brotes de la enfermedad de Chagas. Los resultados iniciales en Guatemala demostraron que las chinches capturadas habían consumido sangre de animales domésticos, lo cual sugiere su movimiento entre los gallineros y las casas.
Solución sin químicos tóxicos
El uso de las trampas ofrece una alternativa frente a los métodos tradicionales de control de plagas. Actualmente, en el mundo se aplica cerca de 3,000 millones de kilos de pesticidas cada año, según la revista Food and Energy Security. Esos químicos dejan residuos tóxicos en el suelo y el agua, lo que afecta la salud del entorno a largo plazo.
Por otro lado, la trampa solar es una tecnología limpia que carece de efectos secundarios nocivos. El estudio demuestra que el impacto del dispositivo es mínimo en insectos beneficiosos, como las abejas. Los pesticidas eliminan poblaciones enteras de forma indiscriminada. En cambio, esta innovación ofrece un control focalizado que protege la biodiversidad.

Beneficios para las comunidades rurales
La implementación de las trampas también generó una respuesta positiva entre los habitantes de Jutiapa. Según la investigación, en sectores donde no hay energía eléctrica, los residentes aprecian el dispositivo porque también proporciona iluminación nocturna gratuita. De esa forma, el proyecto combina la prevención de una enfermedad grave con una mejora directa en la seguridad y calidad de vida de las familias. El éxito del prototipo abre el camino para su producción a mayor escala y su distribución en otras regiones afectadas por la enfermedad de Chagas.
Colaboración
El estudio contó con el apoyo del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) y la Universidad Texas A&M. También colaboró el Instituto Politécnico Nacional y el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), ambos de México. Además, se sumaron el Comando de Salud Pública del Ejército de Estados Unidos, el Escuadrón de Salud para Reclutas de Lackland, Texas A&M AgriLife Extension, el Centro Keeling del Centro Oncológico MD Anderson, BanfieldBio y JHB Consulting. La colaboración internacional reunió especialistas de distintas áreas. Su participación permitió desarrollar el estudio, desde el trabajo de campo hasta el análisis de los resultados.
Si deseas conocer sobre el dispositivo y el trabajo del Centro de Estudios en Salud (CES) y el Centro de Estudios en Biotecnología (CEB), haz clic en el enlace. También puedes escribir al correo electrónico investigacion@uvg.edu.gt o llamar al teléfono 2364-0336 Ext. 21298.
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