La Ing. Cecilia Marsicovetere, egresada de Ingeniería Mecatrónica y coordinadora del makerspace D-Hive, emprende una nueva etapa en su carrera. A partir de septiembre, iniciará una maestría en Media Arts and Sciences (MAS) en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Además, formará parte del equipo Space Enabled del Media Lab, donde colaborará como asistente de investigación. Su trayectoria académica está marcada por la búsqueda de un propósito y la combinación de intereses. Además, es ejemplo de la visión de la ingeniería al servicio del país. A continuación, te compartimos su historia:
Inicio de una carrera
La Ing. Marsicovetere comenzó su camino universitario en 2014, con una curiosidad que abarcaba muchas disciplinas. A diferencia de otros estudiantes con una carrera definida desde la infancia, ella deseaba explorar todo. Esta inquietud la llevó a escoger entre arte e ingeniería. Optó por esa carrera debido al desafío de resolver problemas. La elección clara para ella fue Universidad del Valle de Guatemala (UVG) por ser el mejor lugar para desarrollarse en el campo científico y tecnológico.
Ingeniería Mecatrónica fue la carrera que le llamó la atención por su naturaleza integradora: combinaba elementos de electrónica, mecánica y computación. Eso le permitía elegir varias áreas. De esa forma, marcó el inicio de su búsqueda de conexión multidisciplinaria para la resolución de problemas.
La Ing. Marsicovetere comenta que un momento clave en su formación fue durante un voluntariado con Fundación Techo, antes de ingresar a UVG. “Me preguntaron ¿Cómo usaría su carrera para impactar a la comunidad? Otros tenían respuestas claras porque iban a estudiar medicina o leyes; pero para mí, era una inquietud constante no saber cómo responder”, explica. Eso la impulsó a encontrar la forma en que la ingeniería podía generar un verdadero impacto social y mejorar Guatemala. No buscaba únicamente el beneficio económico, sino marcar una diferencia en el país.
“Con el tiempo descubrí que no es necesario renunciar a una parte de ti para poder desarrollar otra. Aunque tus intereses parezcan distintos o incompatibles, siempre hay forma de integrarlos. Cree en tu sueño y confía en lo que deseas lograr. El camino se va construyendo paso a paso y cuando tienes claridad y perseverancia, las puertas se abren. Lo único verdaderamente imperdonable es rendirse por miedo o por pensar que algo no es posible”, Ing. Cecilia Marsicovetere.
Marcando etapas
Su compromiso con el impacto social la llevó a convertirse en la encargada del Club de Voluntariado Techo UVG, donde invitó a otros estudiantes para realizar horas de extensión. En esta búsqueda, encontró en el Ing. Víctor Hugo Ayerdi, decano de la Facultad de Ingeniería, una visión similar: utilizar la ingeniería y la educación para transformar el país.
En 2017, un par de semanas después del anuncio de la selección del programa KiboCUBE, se unió al equipo del CubeSat Quetzal-1. La Ing. Marsicovetere explica que la guía del Ing. Ayerdi le reveló la visión más amplia detrás del proyecto: una apuesta a la ciencia y la tecnología en Guatemala para generar desarrollo económico y fomentar la participación de más personas en estos campos. Eso le permitió conectar su interés previo en el espacio, que consideraba desconectado de Guatemala, con su deseo de impacto social.
En el proyecto del Quetzal-1, formó parte del equipo de potencia, encargada del diseño de la placa de circuito impreso (PCB) para los paneles solares, baterías y sistemas de protección. Finalizó su carrera en 2018 y continuó en el proyecto hasta agosto de 2019. Allí trabajó en pruebas, documentación y otras necesidades. Después de graduarse, trabajó en la iniciativa privada de 2019 a mediados de 2021. Sin embargo, el destino la trajo de vuelta a UVG en junio de 2021, para coordinar el makerspace D-Hive.

Equipo del CubeSat Quetzal-1.
Curso Mujeres en Ingeniería
Además de su trabajo en el D-Hive, la Ing. Marsicovetere ha sido una figura clave en el curso Mujeres en Ingeniería. Desde 2018 participó como auxiliar y desde 2022 asumió la coordinación. El programa aborda una realidad que ella misma vivió. “En mi promoción de Ingeniería Mecatrónica, solo dos mujeres nos graduamos. Aunque mis papás ingenieros me inculcaron que las mujeres podían ser ingenieras, la baja representación femenina en mis clases fue una constante”, explica.
Su objetivo con la iniciativa ha sido proporcionar visibilidad y representación, normalizar la presencia de mujeres en STEM y motivarlas a seguir carreras de ingeniería dejando atrás estereotipos.
Gracias a su trabajo en el curso, se ha motivado a más mujeres a ingresar a las carreras de Ingeniería Mecánica y Mecánica Industrial y desempeñarse como auxiliares en el programa anual. En 2023, se tuvo un récord de ingreso de 28% de mujeres en estas carreras.
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Hacia el MIT
En 2017, la Ing. Marsicovetere conoció el Media Lab del MIT, un laboratorio enfocado en la multidisciplinariedad para innovar, y del grupo de investigación Space Enabled. El equipo utiliza conocimientos y diseños acerca del espacio con el objetivo de impactar directamente en el desarrollo sostenible para países en desarrollo. A raíz de ello, desde 2019, la idea de estudiar en el laboratorio, específicamente en ese equipo, se convirtió en una aspiración.
La oportunidad de conectar con este sueño se materializó en 2022, cuando en un taller de la Oficina de Asuntos Espaciales de la ONU (UNOSA) en París, la Ing. Marsicovetere conoció a la profesora Danielle Wood, encargada de Space Enabled. Aunque en ese momento no buscaban estudiantes de su perfil, la conversación la dejó con la convicción de que debía aplicar algún día.
Finalmente, en 2023, decidió enviar su aplicación. Después de estar en lista de espera, recibió la confirmación de su aceptación en junio de 2025. Así, en septiembre del mismo año, iniciará su maestría en Media Arts and Science y realizará investigación a medio tiempo en Space Enabled.

Inspiración para el futuro
Para la Ing. Marsicovetere, la nueva etapa en el MIT representa la culminación de su búsqueda de combinar intereses aparentemente dispares: la ingeniería aeroespacial y el impacto social. Su mensaje a las próximas jóvenes y futuras ingenieras es: “Se vale soñar y no hay que rendirse. Lo más bonito de la ingeniería es que es posible encontrar la compatibilidad entre gustos e intereses, sin importar cuán diferentes parezcan”.
La Ing. Marsicovetere ha trabajado con más de 2,500 jóvenes que se interesan por la ingeniería. Muchas de ellas ya son estudiantes, catedráticas e ingenieras en distintas áreas. Sé tú una de ellas: Haz clic en el enlace y conoce más sobre las carreras de la Facultad de Ingeniería UVG.

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